viernes, 27 de febrero de 2015

Escapadas en la India (IV). Leh y alrededores, 1º parte

Desde que llegué a la India hace ya casi dos años, uno de los lugares por el que sentía más preferencia y ganas de visitar era, sin lugar a dudas, Leh y también sus alrededores (en la región de Ladakh) Esta localidad se encuentra en pleno Himalaya, con altitudes oscilando entre unos 3.000 y 5.000 mts.

La conclusión que pudimos sacar mi mujer y yo allá es que es un lugar de esos que hay que visitar al menos una vez en la vida y si a eso, se le une que es también una encrucijada de culturas tales como la hindú, budista y tibetana, pues la visita está más justificada aún.

Nosotros aprovechamos para ir el puente del Día de la República India, el 26 de enero, en pleno invierno con temperaturas que pueden oscilar desde los pocos grados hasta llegar a los veinte bajo cero de noche. Lo normal es visitarlo en verano pero nos hacía muchísima ilusión ver nieve, por aquello de ser de Canarias y no verla muy frecuentemente cuando uno residía allá.


COMO LLEGAR

Si se desea visitar Leh en invierno, la única opción posible desde Delhi es por avión, ya que muchas carreteras, al estar a unas altitudes de unos 5.000 metros, están cortadas (muchas de ellas abren solo de julio a octubre). El invierno se suele considerar temporada baja y eso se nota mucho afortunadamente en el precio del billete de avión, que un Delhi-Leh, oscila sobre las 8.000 rupias i/v (unos 120 euros) y también, desgraciadamente, en el número de vuelos diarios, no más de uno o dos y principalmente con la compañía aérea GoAir y también en los pocos hoteles que abren, y por tanto, con pocas posibilidades de elegir. El trayecto entre el aeropuerto y la ciudad de Leh, cuesta 150 rupias en taxi (unos dos euros).

Por el contrario, para visitar Leh en verano, ya muchas carreteras se abren y la ruta Leh-Srinagar, es una clásica de las  travesías a realizar con moto, especialmente si esa moto es con una clásica Royal Enfield. Asimismo, las frecuencias y números de aerolíneas que llegan, aumentan.

Realmente, el aterrizar o despegar en el aeropuerto de Leh es una de las visiones más hermosas que se pueden ver. En nuestro caso, al hacerlo en invierno, ver todas esas montañas nevadas, es inenarrable. Lo curioso que tiene este aeropuerto es que todos los vuelos despegan o aterrizan antes de las doce del mediodía e incluso, la gran mayoría de ellos se concentran antes de las ocho de la mañana. Esto es debido a que los cambios meteorológicos allá son muy bruscos y pueden hacer aparecer fuertes vientos por la tarde.



Hermosas vistas desde el avión




El aeropuerto de Leh se encuentra a unos 8 kms de la ciudad. Es bastante pequeño y nada más bajar del avión, ya nos daremos cuenta del mal de altura. Si uno es extranjero, deberá rellenar un papel en el aeropuerto a modo de registro.  Esto también si llegamos a, por ejemplo, los aeropuertos de Srinagar o Jammu (ambos en Cachemira).

Para estar en un radio de aproximadamente a 60 kms a la redonda, no se necesita ningún permiso. Para más allá de esos límites, se requiere un permiso especial del gobierno indio y dicha concesión, suele tardar alrededor de un mes


DONDE COMER

Muchas veces, por desgracia, el gran problema de la India es la insalubridad de muchos lugares. Tal vez un templo o un museo no importe mucho verlo sucio pero ya un restaurante da un poco más de respeto. Por desgracia, en Leh pudimos ver este problema tan repetido en este país. Al final, prácticamente todas nuestras comidas fueron en el Hotel Grand Dragon Ladakh. Así a modo orientativo, una buena comida para dos personas, con bebida y postre, rondaba los 20 euros, nada caro si tenemos en cuenta que es un hotel de lujo y con un servicio muy esmerado.

Buen servicio, comida y precio. Una conjugación algo difícil en la India




DONDE ALOJARSE

Otro de los problemas muchas veces en la India es el alojamiento. Este es un país de contrastes. Podemos oscilar entre el gran lujo de hoteles (unos muy pocos y a precios desorbitados) a una gran mayoría de los llamados guesthouses, que aunque a veces tengan tres estrellas, parece que en este país (como por desgracia, en mucho y no hay que irse muy lejos teniendo un ejemplo en Italia) regalan las estrellas.

Además, se da el caso que muchos hoteles de Leh, no tienen calefacción y tratándose de invierno, las cañerías se congelan, que hace que se corte el agua. Por tanto, antes de alojarse, es bueno informarse que no existan todos estos inconvenientes. También, como había comentado antes, al tratarse de temporada baja, la gran mayoría de la infraestructura hotelera de Leh, cierra.



Booking.com
NUESTRA VISITA.

Como había comentado, aprovechamos el puente del Día de la República India, que caía en lunes. Por tanto, nuestra visita se limitaba realmente a dos días pero fue una introducción bastante buena para en un hipotético futuro, ir más días y ya probablemente en verano, aunque bueno, este país es tan inmenso (seis veces más grande que España) y con una riqueza cultural, histórica y etnográfica, que también hay que ver otras regiones.

Como teníamos dos días, uno lo decidimos para visitar los alrededores y otro para la ciudad. En este primer post, hablaré de lo primero.


Primer día.

Tras llegar al aeropuerto de Leh e informándome los días previos de los precios de los taxis, contratamos uno para ir a Alchi y Liker, que están al oeste de Leh. Al final, sin regatear, el encargado nos dejó el precio un poco por debajo, unas 2.600 rupias (unos 37 euros al cambio actual). Este precio incluye el coche, lógicamente, pero también el conductor, la gasolina, parar en los lugares establecidos por la tarifa y también si se quiere, parar a lo largo del camino para tomar alguna foto. Al final, nuestro recorrido fue desde las 10:00 de la mañana hasta las 16:00 horas. No está mal el precio teniendo en cuenta que por el precio que pagamos, tal vez en España no nos daría ni para el alquiler únicamente del coche.

Mapa de Leh-Ladakh


Tras salir del aeropuerto (e incluso ya dentro de éste) vemos que la presencia militar es enorme en los alrededores. Hay que tener en cuenta que Leh se encuentra en una posición geoestratégica muy grande, a unos pocos kilómetros relativamente de la frontera con China pero sobretodo a unos 200 kilómetros de Kargil, un punto neurálgico y que en 1999 provocó la última guerra declarada entre India y Pakistán.

El trayecto desde el aeropuerto hasta Liker, nuestra primera localidad a visitar, sería en torno a una hora (para una distancia de 60 kms). Pese a tratarse de una conducción entre montañas, prácticamente no hay curvas ya que la gran mayoría de los poblados se encuentran en un valle. Quizá lo peor del trayecto sea el fuerte dolor de cabeza que produce el mal de altura. La última vez que habíamos sufrido dicho mal de altura con fuerza, fue en nuestra visita a La Paz (Bolivia).

Pero esa sensación de fatiga y dolor, quedaba totalmente atenuado ante el maravilloso espectáculo que nos ofrecían los paisajes, con una atmósfera totalmente limpia (algo muy difícil en el resto de la India) y con una sensación de estar viajando en el tiempo.

Una región muy militarizada. A ambos lados de la carretera,
cuarteles militares


Solos en la inmensidad de las montañas








El utilitario clásico que se alquila para visitar Leh aunque
también hay modelos 4x4


En muchos tramos, incluso las carreteras estaban totalmente nevadas





El pueblo de Liker, nos pareció muy hermoso y se nota mucho en la gran mayoría de las poblaciones de la cultura tibetana. De hecho, el gobierno indio fomenta mucho el asilo político a monjes budistas tibetanos perseguidos en China.

Liker, constaba básicamente de unas pocas casas con un precioso monasterio de estilo tibetano. Para entrar en el, hay que localizar a un monje (siempre suele haber alguien) y tras pagarle 50 rupias (unos 60 cts. de euro), nos abrirá las puertas y podremos ver un poco del edificio por dentro.

Información del monasterio de Liker



Una figura de Buda




Fachada del Monasterio de Liker

Hermosas vistas desde el monasterio


Un monje abriéndonos la puerta del museo sito
en dicho monasterio

Interior del museo. 

Hermosos murales decoraban el museo


Cesta típica para transportar la compra o cosecha


Desde lo alto del monasterio, se podían ver unas hermosas vistas del valle con las montañas al fondo. Sin duda, un espectáculo único.

Tras finalizar Liker, proseguimos nuestra singladura a Alchi, aproximadamente unos 20 minutos en coche. Este lugar es más conocido en la ruta pero a nosotros nos gustó más el anterior.

Básicamente, y al igual que la gran mayoría de las poblaciones del valle, dicho pueblo consta de unas pocas casas (aquí eran de fabricación más reciente que Liker) junto con el monasterio. Si bien el monasterio era más grande que el anterior, en este caso, nos encontrábamos más bien con una gran parcela donde los monjes cultivaban.

Justo al lado de Alchi, se encuentra una gran presa, muy necesarias en este país muy carente de agua potable. Asimismo, en uno de los laterales del pueblo, se encontraba el Río Indu, con unas aguas cristalinas hermosas y un azul muy difícil de ver en otras partes del mundo.

Algunas fotos del camino entre Liker y Alchi

Las aguas por la zona, alcanzan un color turquesa impresionante


Aquí podíamos encontrar uno de los aires más puros
del mundo, algo muy difícil en la India


Vista del Alchi

Lugareños de la zona

Monumento protegido


Algunas fotos del Monasterio de Alchi



Vistas por la parte trasera del monasterio




Tras finalizar esta visita, que eran las dos que teníamos planeadas a lo largo del día, volvíamos a Leh muy satisfechos y contentos con lo que habíamos visto. Es un lugar único y con paisajes hermosos pero que también parecían que estábamos en la Luna por su soledad y hermosura. Soledad, una palabra tan necesaria a veces en un país de 1.250 millones de habitantes.

En el siguiente post, hablaremos sobre Leh, una ciudad bastante interesante y con un crisol de culturas muy interesante.


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